Caminando En Las Nubes Capitulo XV: Abrázame Fuerte




“Alguien atentó contra la vida de su hijo”

La operación fue todo un éxito. Miguel Ángel Rivera estaba muy cansado, la operación tardó más de lo debido, se complicó, pero afortunadamente lo soluciono. Ahora estaba en la sala de operaciones, contemplaba a su hijo aun inconsciente, sin estar seguro de que pensar o sentir. En su mano traía la bala que extrajo del pecho de su hijo. estaba tranquilo porque su hijo sobrevivió a la operación, pero también mucho enojo: su hijo fue víctima de un atentado, pero daría con el culpable y lo haría pagara caro.

Miró de nuevo la bala, afortunadamente no alcanzó a tocar ningún órgano. La puerta se abrió con cuidado, Julieta se asomó tímida pero decidida, al ver a su suegro se detuvo, no esperaba verlo.
—Pasa —susurró el médico. Feliz de verla, el gestó de la muchacha, no hizo más que reafirmar lo que ya sabía: A pesar de sus perjuicios ella quería a su hijo. su presencia lo ayudaría con su recuperación—, no deberías entrar a la sala de recuperación. —dijo en medio de una inmensa sonrisa.
—Doctor, yo…
—Tú eres una excepción y lo sabes —La miró de manera tranquilizadora—, entra.

La muchacha miró a su pareja, la emoción la embargó. Ver al hombre, que, ha sido su pilar mucho tiempo derrumbado en una camilla era demasiado para ella, sus ojos desprendieron gotas de agonía y arrepentimiento. De alguna manera imaginó que todo era su culpa:
—Si yo…
Miguel Ángel se acercó y la tomó del hombro.
—tranquila, él se recuperará pronto. Pero necesitaré de tu ayuda.
—No deje que nada le pase. Estoy dispuesta a ayudarle en lo que sea necesario.
—Lo sé, y te lo agradezco.
—Gracias Doctor Miguel.
—Sabes que entre nosotros no son necesarias tantas formalidades, solo dime Miguel.
El medico sonrió. Un abrazo bastó para darse cuenta que estaban bien uno con el otro. Un lazo invisible los unía. Tal vez no todo estaba perdido, irónicamente, ese balazo, podría recomponer sus vidas.

***….**….***

El carro de alquiler se alejaba con rapidez de la casa de Reyna.
—Por fin, ahora serás mía para siempre. —dijo Danael mientras veía a la mujer inconsciente. No paraba de acariciar su rostro. Ignoraba que tan enferma estaba. En ese momento sus motivaciones eran lo único que importaban.

Apenas había transitado unas pocas cuadras. El carro paró en seco.
—¿Por qué se detiene? Siga su marcha —ordenó
—No… no podemos.
El profesor giró su cabeza, solo para descubrir horrorizado lo que pasaba.  Al frente estaba una cuadrilla de caballos tapándole el paso. Miguel Ángel Rivera estaba al frente de todos ellos.
—¡No puede ser! ¿Cómo supo? —Danael bajó molesto para intentar increparlo, pero fue ignorado. El medico acercándose al carruaje examinó con detenimiento a Reyna.
—¡Estás loco! Pudiste matarla.
—No….
Uno de sus hombres se llevó a la joven hasta un automóvil cercano. El profesor quiso evitarlo, fue necesario el uso de la fuerza para detenerlo. Solo entre tres lograron doblegar la voluntad del joven

—No, no se la lleven, no saben lo mucho que nos amamos. —gritaba.
—¡Calla! Estoy evitando que la mates, y que tú, vayas a la cárcel.
—Pero…
—Si fueras más consciente de lo que haces, no cometerías tantos errores.
El joven aun inmovilizado, fue subido a un carro, Miguel y algunos de sus hombres lo acompañaron. El joven profesor estaba aturdido. Tiempo atrás hubiera sido incapaz de secuestrar a alguien… ¿pero ahora? no podía darse cuenta de todo lo que pasaba.

—¿Por qué haces eso? —le recriminó el médico—. ¿Sabías que su corazón está muy delicado? —El maestro lo miró pasmado—. Por si no lo sabías, cualquier sobresalto puede matarla
—¿De verdad? Yo… no… estaba enterado
—No sirven de nada tus escusas, vámonos a mi casa. Ya pensare como solucionar todo esto. Pero quiero que me prometas que te comportaras a cabalidad.
—No sé si pueda, amo a Reyna, pero todos se oponen a que estemos juntos.
—Mi familia no, y lo sabes muy bien. Si me hubieras escuchado, desde hace semanas seria tu prometida.
—Es muy fácil juzgarme, pero no tiene idea de lo que en realidad pasó.
—Lo sabría si me lo contaras

El silencio era muy incómodo, el profesor miraba sus pies, mientras que el doctor estaba sumido en sus propios pensamientos.
—¿Cómo se enteró de todo esto? — Danael rompió el silencio.
—Simplemente lo sé.  Está de más decirte que todo lo desapruebo en su totalidad.  Me has decepcionado. —dijo con severidad—, nunca lo esperé de ti.
—Tampoco me hable de esa manera, solo quería acercarme a ella.
—Lo que hiciste es la peor de las opciones. Si te hubieras acercado a mí. Desde un principio. Yo te hubiera ayudado.
—lo siento —Bajó la cabeza apenado.
—Comprenderás que esto no tiene que saberlo nadie. Afortunadamente Constanza duerme profundamente gracias a un sedante que le mediqué y Rafael no está en la ciudad.

La voz del médico, sonaba fuerte y autoritaria, pero no denotaba agresividad. El muchacho tuvo que reconocer que se había equivocado. Por fin llegaron a la casa de Miguel Ángel
—Pasa y duerme en una de las habitaciones de invitados.  
—Voy a la que usted me había asignado.
—No, esa ya no la mereces
El joven no se atrevió a replicar, simplemente obedeció. Miguel Ángel por su parte se retiró a su habitación. Estaba muy cansado, había tenido muchas emociones por un día. La operación de su hijo y el “Rescate de Reyna”.


***….**….***

Octavio despertó, lo primero que vio fueron los ojos llorosos de Julieta. le costaba hablar, aún estaba bajo los efectos de la anestesia, miró con atención a su prometida. Como hubiera querido poder abrazarla y consolarla, pero ni siquiera podía moverse bien.  
—No llores… eso no lo soporto. —dijo con dificultad. La joven al darse cuenta rio de alegría, habló sin parar. El abogado apretó su mano con cariño, ella se dejó hacer
—Te amo —dijo ella con timidez.
—Yo más —fue lo único que pudo decir el joven adormilado. Sonrió lo mejor que pudo.

***—**.**—***

—Hola hermosa doncella —Víctor llegó después de su largo viaje a Guadalajara. Por su galantería y modales se notaba que extrañó a la muchacha. Le besó la mano haciéndola ruborizar.
—Te invitó al teatro.
—Sí, podemos invitar a…
—¡No! —interrumpió—, quisiera que fuéramos solos. ¡Lo necesito!

Reyna no lo pensó dos veces, las atenciones del joven le hacían mucho bien. en un minuto ya estaba concretada la cita. Sería la primera vez que saliera en plan formal con alguien. Y eso la llenaba de emoción. Tal vez lo que le dijo Julieta en su tiempo era verdad. Él le convenía mucho más que el propio Danael.

Vieron la obra de “Romeo y Julieta”. La jovencita se emocionó hasta las lágrimas, pero Víctor la reconfortó; Si su corazón estaba débil, en ese momento no se notaba. Caminaron tomados del brazo. A lo lejos los vio Danael, pero ellos no se dieron cuenta. Si la mirada matara, el joven empresario hubiera muerto calcinado.

***—**.**—***

Un par de días pasaron desde aquella cita, Víctor visitaba mucho a Reyna, salían cada vez que podían. Miguel Ángel Rivera continuaba como su médico de cabecera. Su presencia y las noticias de su hermana le ayudaban mucho.
—¿Te gustaría ver de nuevo a Danael?
—No me hable de él. No sabe cuántos esfuerzos estoy haciendo por olvidarlo.
—No lo hagas, él está más cerca de ti, de lo que imaginas.

—Buenas, tardes —Danael, saludó. Se veía muy elegante con ese traje. La paciente lo miró con los ojos muy abiertos, cuando por fin lo estaba olvidando. Llega él y se presenta de forma inesperada.

En ese momento se dio cuenta que lo quería y mucho. Hubiera querido correr a sus brazos, pero su orgullo lo impidió

—Perdóname —Danael, hablaba muy de quedito, como si con sus palabras pudiera enturbiarla más. Reyna lo miraba asombrada, pero a la vez asustada. Temía que todo no fuera más que un sueño, con su mirada pidió al médico que no se fuera. Él se alejó a una distancia prudente y los dejo hablar. Sin que se dieran cuenta, salió del cuarto.

—¿Por qué te fuiste?
—Por… por… te tengo una sorpresa, en algunos días lo sabrás—No sé si confiar en ti. Lo siento, pero lo que me hiciste fue muy duro para mí. Además, estoy saliendo con Víctor, él sí me respeta y…
—¡Tú has sido mía! —Se Arrepintió de inmediato al decir ese comentario tan desafortunado. La muchacha rompió en llanto, pero quiso salvar la poca dignidad que le quedaba
—¿Y eso que importa? Desapareciste como si yo no te importara ¡Como si fuera solo un objeto, y eso no te lo puedo perdonar!
—Pero… —Danael intentó guardar la compostura.
—Vete por favor, tu desaparición me enseñó a ser más fuerte. Además, mi futuro novio está por llegar.
—No puedes decir eso, no, si no sabes lo que ocurrió en realidad.
—Ya lo hice Danael. Me trataste como tu juguete y eso no lo puedo soportar.
—Me aleje por protegerte.
—¿Qué?
—Eso, perdona, pero ya no puedo ocultarlo más. Días después de lo nuestro, quise hablar con tu papá, quise hacer todo de la mejor manera, pero él no me dejo explicarle nada. Él se puso como un loco. Mi única opción era prometerle que me alejaría de ti, para que no te mandara al extranjero. Además, tenía que demostrarle que podía lograr algo por mí mismo. —Hizo una pausa para tomar aire—. Tengo otra cosa que decirte: Tu relación con Víctor es un arreglo monetario entre tu padre y el suyo, yo mismo los escuché minutos, antes de que Rafael, me echara de tu vida.
—¡No puede ser verdad lo que dices! No… —su corazón le dolió de nuevo, pero tenía que ser fuerte.

—Danael, es mejor que salgas —recomendó Miguel Ángel que escuchó la plática.
—No… tengo que saber todo. Ya sabía que él no se fue solo porque sí.
—Nunca lo haría mi amor.
—La plática tiene que posponerse.

Los muchachos tuvieron que obedecer. Comprobando que Reyna estaba bien, los visitantes se fueron: Miguel por la puerta principal y Danael a hurtadillas, gracias a la ayuda de la nana de Reyna. Cuando se volvieron a reunir Miguel Ángel se mostró categórico.
—Tenemos que hablar. Explícame que fue exactamente lo que pasó.
El profesor suspiro, era algo que no le agradaba, pero tenía que hacerlo. Su felicidad y la de la mujer que amaba estaba de por medio

Fueron a un café, platicaron largo y tendido del tema.
—Si es cierto todo lo que dices, ¿Por qué regresaste?
—porque me di cuenta que me estaba portando como un cobarde. Así, no lograría nada.

Miguel se acarició el mentón pensativo. Rafael no era muy leal, eso ya lo sabía. Pero prometer la mano de su hija a dos hombres a la vez, lo hacían ver muy bajo.


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