Caminando En Las Nubes Capitulo XVII. El Valor de un Cobarde
“Eres un cobarde, no sirves para nada. ¡Huiste!”
¡Ya basta!
No era un cobarde, no lo era. Se alejó por el bienestar de
ella, porque quería cumplir el reto que le propuso Rafael, sí, se dejó
envolver. Existe el riesgo de que la pierda. Tomó aire y fue a buscar a Miguel
Ángel Rivera. Tocó la inmensa puerta. El mayordomo lo hizo pasar, al fondo vio
a Julieta y Octavio platicando, los saludo brevemente.
—Me sorprende que estés aquí se sinceró el medico
—Sí, reconozco que no me he portado bien con usted
—Descuida, también es mi responsabilidad
Los dos sonrieron.
—Dime que es lo que trae por aquí.
—Necesito, su ayuda, quiero estar con Reyna, ahora quiero
hacerlo bien.
—¿Recuerdas que hace tiempo tú y mi hijo hablaron sobre la
desigualdad social, y que hubo un debate sobre cómo hacerlo?
—Sí.
—Por ahí podemos empezar, en una semana vendrán unas
personas muy importantes, si les expones tu idea. Se puede llevar a cabo. Es
hora de que dejes de ser tan tímido y te lances. Cuentas con mi apoyo, con la
única condición que no flaquees.
Un plan que lo acercara a Reyna, una idea atrevida, pero a
la vez descabellada. Miguel Ángel tenía razón, debía acercarse al poder, atacarlo
de frente, sin dejar de ser pacífica.
Llamarón a Octavio, platicaron un rato y el plan estaba
trazado. Ahora lo que seguía era estudiar mucho.
—Dejo todo en tus manos dijo Octavio, la idea de la
organización siempre ha sido mía, pero tú serás el cerebro. Descuida, te pagaré
muy bien. Lo justo.
***—**.**—***
Octavio veía un tanto sombríos los días que se avecinaban. La reunión era arriesgada. No terminaba de
confiar en Danael, lo había visto flaquear varias veces, pero era su amigo. Aun
había un dejo de esperanza.
Dejo a su padre y “Hermanastro” solos, tenía que pensar en
sus propios planes. No olvidaba al que lo quiso asesinar. Más de una vez
sospecho de Rafael, pero, ¿si fue así, porque nunca buscó a Julieta?
***—**.**—***
Julieta Quintero llevaba un par de días durmiendo en la casa
de su suegro. Y aunque Miguel Ángel fue muy amable con ella y le dijo que la
sintiera como su casa, no dejaba de tener sentimientos encontrados. Nunca
imaginó vivir de esa manera: En la casa de su suegro sin casarse, era raro y a
la vez inmoral.
“Inmoral”, esa palabra circuló por su mente. ¿Realmente era
inmoral, lo que estaba haciendo? ¿A quién dañaba? ¿Dónde estaba lo incorrecto?
Miro el crucifijo colgando en la habitación que ahora era suya.
Adoraban a un hombre que murió por la humanidad. ¿No sería
mejor venerarlo vivo, sano? Ese crucifijo por sí mismo representaba más el
sufrimiento que cualquier otra cosa. No terminaba de entenderlo, no.
Por otra parte, pensó en su prometido. Era terriblemente
injusta con él. ¿Cuánto la había ayudado? Había hecho mil cosas para ayudarla,
además sus sentimientos eran genuinos ¿Y ella? ¿Qué había hecho por él? Pero la pregunta más importante era ¿Cómo
eliminar el miedo que le producía el matrimonio sin dejar de ser libre?
Comprendía perfectamente que sus miedos, eran por las
actitudes que de su padre. Sí, Octavio Rivera no era Rafael Quintero. Sus
pensamientos volaban de un lugar a otro.
En ese momento el sol salía por la ventana, era un amanecer
hermoso. Las lágrimas comenzaron a salir. Los golpes que recibió su madre, eran
como si ella los recibiera. Pero no podía seguir así. Denia enfrentarlos y por
supuesto salir airosa. No podía ser esclava de un pasado que no era suyo.
La catarsis continuaba, los golpes y las sensaciones cada
vez eran más fuertes. Las lágrimas eran acompañadas por gemidos llenos de
amargura.
Octavio despertó alarmado, salió de inmediato de su
habitación, aun con el pijama puesta. Sin esperar a recibir respuesta, abrió la
puerta con una de las copias de la llave. Vio a su novia, sentada sobre sus
rodillas inconsolable.
—Que tienes? —preguntó mientras la abrazaba
—Nada, solo abrázame —dijo con una voz apenas audible.
Sus brazos la rodearon con firmeza y a la vez ternura, ella
se dejó llevar. Así pasaron unos segundos, para luego convertirse en minutos.
Ninguno de los dos decía nada.
Julieta lo miró a los ojos y dijo:
—Quiero casarme contigo
El prometido la miró perplejo, cuantas veces quiso escuchar
eso, pero ahora. En el estado en el que la encontraba, tenía sus dudas. Suspiró e hizo la tan temida interrogante.
—¿Estás segura?
—Sí, no puedo vivir siempre con miedo. Tu eres un hombre
bueno, me quieres y yo igual.
—No, no te quiero… Yo, te amo.
La chica sonrió y habló con mayor seguridad.
—Solo, que no quisiera un matrimonio convencional. Quiero
que haya libertad de ambos, confianza. Y nada de golpes.
—Sí, estoy de acuerdo. De hecho, es algo que yo deseo, pero,
libertad no es sinónimo de libertinaje, o infidelidad.
—Yo no me refiero a eso, sino a que no me sometas a tu
voluntad. Y por favor… nunca uses la violencia.
—¡violencia! Nunca la he utilizado, ni lo hare. Yo quiero
una compañera que este a mi lado, a la par mío. No una esclava que este a mis
espaldas.
Los dos sonrieron.
—Levántate, no deberíamos estar en el piso.
—¿Qué tiene esto de malo? Estar en el suelo también es rico.
—te propongo estar así con unos libros alrededor, una taza
de café y algunos cojines
Más tarde Miguel Ángel pasaba por los corredores de la casa.
Vio a Julieta y Octavio sentados en el piso de la biblioteca, entre cojines,
libros abiertos y alguna taza, al parecer de café. Los dos reían y platicaban
anécdotas de sus personajes favoritos.
Una media sonrisa se dibujó en su rostro. Su relación era
rara, pero, al menos eran felices. Continuo su camino, pero la voz de su hijo
lo detuvo:
—Papá —dijo Octavio mientras dirigía sus pasos hacia él,
tomado de la mano de su prometida—. Julieta y yo queremos hablar contigo.
—Digan. —el medico los miró serio.
—Nos vamos a casar. — Estas palabras hicieron sonreír al
patriarca—. Más tarde si quieres hablamos de la fecha.
***—**.**—***
Los pasos
vacilantes de una jovencita, atravesaron la enorme plaza. Julieta caminaba
tomada del brazo de Octavio, volteó al escuchar su nombre. Se encontró con los
ojos llorosos de Reyna.
No hubo más
palabras. Las dos hermanas se abrazaron con fuerza. Varias semanas,
mucho de tiempo sin estar juntas. Y pensar que tiempo atrás, la menor dependía
de la grande.
—No has ido a
visitarme —fue su reclamo
—No he podido, tú
sabes que hui de mi casa.
—Eso no te da
derecho de romper mi corazón.
—¿Que te ocurre?
¿Pasa algo malo? No es normal que estés sola.
—Mi nana está en
el mercado, mientras que yo buscaba unas telas.
Los comentarios
de una y otra eran muy elocuentes. Cargados de emoción.
—No tienes tu
bastón —dijo de pronto la hermana mayor
—No, ya no lo
uso, mis pies cada vez agarran mayor fuerza.
Ninguna de las
dos se percató que Octavio se alejó unos metros para dejarlas platicar.
—Víctor me pupuso
que seamos novios.
—Pero…
—No sé qué hacer,
Danael me ha frecuentado y mandado cartas a escondidas, dice que está muy
enamorado de mí. Y quiere casarse.
—¿Qué dice tu corazón?
—Ya no lo sé —la jovencita bajo la cabeza—. Antes juraba que
amaba a Danael, pero Víctor es tan agradable y dulce conmigo, que… me hace
dudar
—¿Se está metiendo en tu corazón verdad?
—Sí, ¿Qué hago?
—Lo que tu corazón te indique.
—Él tampoco lo sabe.
—Niña preciosa que gusto verte —dijo Víctor acercándose a su
próxima novia
—Hola —dijo la chiquilla ruborizada.
Comenzaron a platicar sin ton ni son, Julieta no pudo evitar
sentirse excluida de la plática, se despidió cortésmente y se alejó.
—No puedo evitar sentir una especie de rechazo hacia Víctor
—dijo a su prometido cuando estuvieron juntos.
—Tiene sus prejuicios, pero parece buen chico.
La muchacha permaneció callada, pero una serie de recuerdos
cruzaron su mente:
—Julieta, me interesas, quisiera casarme contigo
—lo siento, pero estoy comprometida con Octavio Rivera.
—Déjalo, yo te puedo dar más lujos.
—No se trata de lujos, se trata de lealtad, es mi mejor
amigo, y no lo puedo dejar solo porque tú me lo propones.
El atrevido chico intentó besar sus labios, pero ella se
alejó, después de darle una cachetada.
—Cariño, ¿En qué piensas? —Octavio interrumpió sus
recuerdos.
—¿eh? —ella salió de sus cavilaciones—. En nada… sí, tienes
razón puede ser que este juzgando mal a Víctor.
“Sera posible que mi hermana no encuentre un hombre bueno?
Danael se aprovechó de ella y desapareció. Y Víctor es un patán.
***—**.**—***
Danael no ha dejado de trabajar
en su proyecto, en estos días ha comido y dormido poco, comprendió que si
quiere impresionar a los invitados de Miguel debe esforzarse. El viernes en la
noche hizo los últimos apuntes para su trabajo, estaba cansado y agotado, pero
en solo unas horas arriesgaría el todo por el todo. Satisfecho de su trabajo, cerró
sus apuntes y fue a ducharse.
Tuvo un sueño bastante reparador,
pero a primera hora alguien tocó a su puerta. Ante su sorpresa era uno de los
sirvientes de Miguel Ángel Rivera.
—Señor, esto es para usted.
Le entregó un elegante traje, así como del
sombrero correspondiente y un par de zapatos. Todo parecía nuevo
—No puedo aceptarlo.
—el doctor escogió el traje en
persona, previendo que se negaría a usarlos, pide que lo use al menos en esta
ocasión. Su apariencia será muy importante.
Danael no sabía que decir, las
palabras del criado le hicieron ver que tenía razón. “Su imagen era vital para
la ponencia”
¡Qué ironía! Vestía un traje
carísimo y como su único desayuno Comió un pan frio y un café sin azúcar. Leyó
su ponencia por última vez, se persigno y partió a toda prisa a la mansión de
la familia Rivera.
Llegó y efectivamente vio a
grandes personajes de la sociedad, en sus diferentes niveles: político,
económico, social y cultural. Al principio los nervios amenazaron con dominarlo,
un gesto de Octavio y Miguel, lo tranquilizaron.
Todas las miradas estaban sobre
él, sobre todo cuando fue presentado como un gran profesor e investigador. Mientras
tomaba una copa de vino examino discretamente a todas las personas, al ver a
Octavio y Miguel desenvolverse con naturalidad, confirmó la relevancia de ellos
dos en la sociedad. Rafael no estaba entre los invitados, ¿Por qué? Si era un
empresario importante. Víctor y su padre si estaban de invitados. El primero y
el se miraron fijamente, ninguno le agrada al otro.
Después de un par de horas, la
ponencia empezó, estaba nervioso pero su voz proyectaba seguridad, todos le
prestaban atención: Habló de las grandes injusticias que había en la sociedad,
propuso acciones para combatirlas y habló con claridad de temas controvertidos
como la violencia intrafamiliar.
Cuando terminó Miguel Ángel
hizo un gesto de satisfacción, observó los rostros de los oyentes y estos le
confirmaron lo mismo.
Por ultimo Octavio habló de la
estructura de la organización y todo lo concerniente al ámbito jurídico. El
proyecto en sí pretendía lograr la igualdad en los servicios públicos,
incluyendo a la mujer como un igual frente al varón. Danael se encargaría del
sector educativo, Octavio del ámbito legal y Miguel Ángel de la salud publica
—Lo que queremos es una
organización que se encargue de los sectores más pobres de nuestro país—
terminó diciendo el médico.
—Es un proyecto muy ambicioso
—dijo alguien.
—Pero si trabajamos entre todos
lo podremos lograr —concluyo el profesor
Los oyentes, estaban de
acuerdo, algunos más que otros, algunos quisieron invertir de inmediato. Comenzó
un debate con los pros y contras, pero, en lo que todos coincidieron es que México
necesitaba ese cambio. Las nuevas leyes llevaban pocos años y aun la sociedad
estaba acostumbrándose a ello.
Miguel Ángel dejo a los
muchachos defender su proyecto.
***—**.**—***
El anochecer estaba llegando,
los invitados comenzaron a irse. Un hombre cano se dirigió a Danael:
— ¿Me permite unos minutos?
—Claro que si
—Yo soy el rector de la
universidad Nacional del país, sé que usted quiere ser profesor universitario,
una plaza con nosotros tal vez interferiría en su proyecto que está haciendo
con el licenciado Rivera
—Bueno… me podría organizar y…
—Déjeme terminar por favor,
también quería decirle que la plaza de maestro universitario como tal no está
disponible, más que profesor necesito catedráticos, con grandes conocimientos y
experiencia, por tu juventud y nula experiencia universitaria sé que no puedes
serlo en un futuro inmediato.
Danael lo miró con gran
seriedad, creyendo que esta por negarle la plaza, pero el rector continuó
hablando.
—Lo que podemos haces es
llevarte a un curso de actualización, estoy seguro que pasaras la evaluación y
de aquí a algunos meses puedes ser un catedrático y trabajar con nosotros en la
universidad, además de que te servirá mucho para el proyecto que están
liderando tú y Octavio
Danael no esperaba esta
invitación. El líder universitario al verlo tan callado continuó:
—Me sorprendieron mucho tus
palabras y seguridad con la que hablaste. Me gustaría que fueras el lunes a mi
oficina y continuemos hablando.
—Si… me parece perfecto, ahí
estaré.
***—**.**—***
Esperaba que llegaba el lunes con ansiedad. Era domingo por
la mañana, sabía que Reyna iba a misa temprano, aprovecharía esa oportunidad
para hablar con ella, pero las cosas no salieron como él lo esperaba.
Danael miró a lo lejos a Reyna, se alejaba tomada de la mano
con Víctor. La melancolía lo invadió:
—La deje ir. Ella me amaba y por mi tontería se fue con él.
—¿Ves lo que lograste? —Octavio se acercó a él.
—¡No molestes! Vete con Julieta
—ella no vino, yo estoy aquí por otros asuntos. Además, mi
intención no
Es enfadarte. Solo quiero que te des cuenta, que, por terco,
por no escucharnos, y preferir el sucio juego que te propuso Rafael, la estás
perdiendo
—él me dijo que…
—Sí, que elevaras tu nivel social, cosa que mi padre tuvo
toda la intención de ayudarte, pero tú huiste como un cobarde.
—No entiendes.
El profesor cerró los ojos, a veces su amigo se comportaba
un tanto altanero, pero debía reconocer que tenía razón. Ya no dijo nada. ¿De
que sirvió tener éxito en su ponencia? Si ahora la estaba perdiendo.
Su primer impulso fue dirigirse hasta ella.
***—**.**—***
©Alejandrina Arias
(Athenea IntheNight)
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por sus lecturas comentarios y/o Criticas. Son todas bienvenidas.
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