Si Yo Fuera Humana. Capitulo III. Una Aterradora Revelación.




Yadira despertó, sentía el cuerpo muy pesado, raro. Su cabeza daba vueltas. Volteó para todos lados intentando reconocer el lugar. Los rayos del sol iluminaban su piel. Su primer impulso fue correr y buscar la oscuridad. Quiso volar, pero cayó estrepitosamente. El terror de ser quemada por los rayos del poderoso astro, la hicieron levantarse y correr hacia la única puerta que vio.

El suelo estaba frio, había mucha luz, pero no la lastimaba, todo era tan… diferente. recobró su lucidez.  Se armó de valor y salió de nuevo. La habitación era blanca, frente a ella, estaba una cama, un ropero, un escritorio. Había algunos cuadros aislados en la pared. En uno estaba una mujer que se parecía mucho a ella ¿Y en el otro? Caminó para observar mejor evitando la luz solar.

El lugar le parecía conocido, los colores eran claros y brillantes. Parecía que se encontraba en la cuarta dimensión. El mundo de los humanos. Corrió hacia el espejo que tenía frente, vio su reflejo, su piel pálida ya no estaba, era aceitunada como cuando ¡Estaba viva! Sus colmillos habían desaparecido, sus largas y afiladas uñas tampoco estaban. Tocó su pecho, sentía su corazón palpitar.  
—¿Acaso soy humana de nuevo? —Lloró, no sabía si de alegría.

Corrió al balcón se dejó bañar por los rayos del sol. Extendió sus brazos al cielo, no entendía como, pero lo que ocurrió era un milagro.  Desnudó su cuerpo, contempló su sensual figura.  Vio junto a su hombro, una figura que no había visto antes. ¡Perla Negra la miró sonriente! Escuchó una puerta abrirse, la maestra del mal desapareció.
—Yadira, amor, ya llegué.
Se asomó y frente a ella vio a una hermosa mujer de cabello rubio y cuerpo delgado, era la misma de la fotografía.
—¿Cómo? —dijo la ¿No muerta? Sorprendida.
—Estás bromista como siempre — dijo la mujer intentando besarla.

¿Verónica? Sí, era ella, una antigua pareja sentimental de su época de universidad. La terminó, no…. siguió recordando…. Se suicidó. Porque ella terminó su relación por andar con Jorge.
—¡No puede ser!
La cabeza le daba vueltas, ignorando la reacción de la mujer, miró el calendario, estaban en el año 2006. ¿Qué no se suponía estaban en el 2016?

¡¿Qué broma maldita estaba jugando Perla Negra?! A lo lejos la escuchó reír.  Los reclamos de su expareja tampoco los escuchó. Se encerró en el bañó y lloró desconsolada. Eran demasiadas emociones para tan poco tiempo.
—¿Por qué lloras? ¿Acaso no cumplí tu deseo?
—¿Qué pretendes? Verónica está muerta, yo misma la enterré.
—Tranquila, así te ves vulnerable, me produces tanto deseo que te arrancaría la ropa en ese mismo momento.
—Hazlo, no serias la primera, —dijo con desprecio sin mirarla.  
—No, no me apetece, no ahora.
—¿Qué es lo que pretendes?  —preguntó retadora, limpiándose las lágrimas.
—no tan rápido, en la noche vendré a buscarte. —desapareció en el acto.

Yadira nunca se caracterizó por ser cobarde, trató de guardar la calma. Inventó una excusa cualquiera, besó a quien decía ser su novia. El gesto fue dulce, cálido, empezó a tranquilizarse. Verónica comenzó a platicar de sus estudios, de sus planes.  Pero la antigua vampiresa en realidad no la escuchaba, tenía muchas cosas que pensar,

Verónica la besó apasionadamente.
—Espera, esto no está bien
—No entiendo que te pasa, pero te ayudare.  
El beso continuó. La nueva mujer sintió su sinceridad de su pareja. La desnudó con cuidado, tenía tanto tiempo sin estar con una mujer, besó su cuello dándole leves mordiscos, acarició su piel con cierta violencia a la que estaba acostumbrada.
—Tranquila, amor, tenemos tiempo de sobra.

La ternura estaba desapareciendo en la extraña mujer. Tenía una mezcla de coraje y lujuria, la aventó a la cama, terminó de desnudarla. Comenzó a recordar, pero su corazón ya hace mucho que la había olvidado, simplemente era sexo lo que quería, al menos, eso era lo que creía hasta que sus sexos se compenetraron en uno solo.

Verónica durmió. Yadira descansó en su regazo mientras trataba de asimilar lo que era su nuevo estado. El resto del día lo pasó cocinando, limpiando el departamento, comenzó a leer un libro que encontró.  Trato de evadir a Verónica. Eran cerca de las ocho de la noche, llegó al estacionamiento de su edificio, contempló su vieja motocicleta, bueno, nueva si tomaba en cuenta el año en el que estaba actualmente.

Sin pensarlo dos veces comenzó a manejarla, disfrutó de la adrenalina. Subió la velocidad al máximo. Recordó que se deshizo en su accidente de tráfico en el 2016, una mezcla de emociones se apoderó de ella. se detuvo, sentándose en la banqueta la contemplo.  

Se dio cuenta que estaba enfrente del edificio donde vivía Doris. Su primer impulso fue ir a visitarla, Pero si el tiempo retrocedió realmente diez años, en ese momento, debía ser solo una niña. Cerró los ojos, todo era tan confuso. Recordó a Walter, cuando estaba con él todo era lujuria y violencia. ¿Ahora que le esperaba? No se podía confiar, de seguro la maestra del mal, tramaba algo turbio.

Miró el edificio. Vio salir a una pareja y una niña tomando la mano de la mujer. Los miró con atención, la pequeña le recordaba a la mujer que disfrutó seduciendo.

Voces, ruido, sangre. ¡Recordó al hombre y la mujer! ¡Chocó con ellos en el accidente que la llevó al hospital! Hizo esfuerzos por no llorar.
—¡Que hermosos recuerdos! —Perla negra se sentó junto a ella—. Efectivamente son ellos, pero descuida, murieron dos días después de ese fatal accidente. Y esa joven niña, es Doris. ¡Qué hermosa coincidencia!
—Eres tan malévola que no me extrañaría que tú hubieras preparado todo.
—No soy tan cruel cómo crees, solo me gusta jugar.
—Dime qué es lo que quieres.
—Nada, solo platicar contigo. Te apetecería volar conmigo. Ah, no, no puedes, ya eres solo un ser humano.

Miró la luna y contempló la oscuridad de la noche. efectivamente sintió deseos de recorrer el negro cielo. Contempló a su acompañante por unos segundos. Su piel era muy blanca, contrastando con su pelo negro. Su vestido se ceñía a su cintura, dándole una figura envidiable.
—Dime que es lo que pretendes.  
—He venido a saludarte ¿Te gusta tu nueva vida? —preguntó burlona.  
—Eres cruel y truculenta, te atreviste a devolverme al pasado.  ¿O es algún truco y todo esto es un engaño?
—Eres ingrata, te concedí tu deseo, te hice recordar a tu antiguo amor. Y lo estas despreciando, bien sabes que esa mujer que ahora mismo ve la televisión en tu departamento, te ha hecho sentir lo que nadie.
—Sí, tengo que reconocerlo. Dime que es lo que quieres a cambio.
—Nada en especial, solo quiero que me entregues siete corazones humanos, arrancados por ti misma. no me importa su dueño. —Vio la cara de horror de Yadira, pero continuó como si no le importara—. Quiero uno cada noche. Hoy te dejare descansar, pero mañana a partir de las doce de la noche hasta las seis de la mañana tendrás los poderes de un vampiro.
—¿Qué pasa si no acepto ese trato? Nunca he matado a ningún humano. Sabes que solo les quito un poco de su sangre, solo he quitado la vida de animales.
—Bueno, mataras por primera vez. Sentirás el poder de la vida y la muerte por ti misma. —dijo dando círculos alrededor de la sorprendida mujer que aún continuaba sentada en la banqueta.
—¡No quiero este trato! Es muy cruel.  
—¿Estás segura que quieres volver con Walter?  Antes no lo soportabas, imagina lo que hará al darse cuenta de que desapareciste por una noche.

Yadira recordó al siniestro rey. Si volvía con él la trataría muy mal. Miró la gente caminar tranquila por la calle, aparente no se daban cuenta de la presencia de las mujeres. Yadira ya no sabía si realmente estaba viva o muerta.  Pensó en los veinte años de edad que ahora se suponía que tenía, en realidad no era tan desagradable. Además, si mataba a secuestradores, homicidas o cualquier malvado incluso haría un bien.
—¿Qué pasa si no puedo cumplir con lo que me encomiendas?
—Tu cuerpo se convertirá en polvo, y tu alma —dijo al ver la duda de su interlocutora—, no me importa lo que pase con ella.   
Perla Negra desapareció de la misma manera que vino. Junto a ella apareció una daga de oro con incrustaciones de piedras preciosas. Tenía escrita la palabra “Yadira”. Estaba segura que esa daga solo la podía usar ella.

La vida y la muerte, en ese momento se presentaban de manera misteriosa.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

La Seducción De Una Vampiresa

CON SABOR A DEMONIO

ANIMAL NOCTURNO