Un fin de semana diferente
Un fin de semana diferente:
Ardía en deseos de hacer algo diferente: pasar una noche especial con el chico de mis sueños, acampando en una pequeña montaña cerca de la ciudad. El único problema era que no nos hablamos. Mientras que él era el nerd del salón. Yo era una chica tímida, delgada sin atractivos físicos, que no destacaba en nada. Siempre fui de espíritu libre; amaba la naturaleza, pero era mala para relacionarme con los muchachos de mi edad
Terminé de escribir una nota, invitándolo a acampar conmigo. Sabía que nunca la entregaría, pero aun así la miré con satisfacción. Suspiré, doblé el papel y lo guardé en la bolsa de mi pantalón. Estaba muy inspirada, detallé en mi libreta lo que parecía ser el fin de semana ideal:
“Tú y yo al natural, sin prejuicios, desnudos…” Seguí escribiendo “Como aperitivo: Unos sándwiches de jamón, otros de crema de maní. Una fogata improvisada. Repelente para los mosquitos, algunos libros, y una tienda de campaña.
Actividades: Asar bombones, comer golosinas, disfrutar del contacto del pasto, platicando y mirando las estrellas. Hablar de filosofía, teniendo como fondo nuestra música favorita, las cervezas, no podrían faltar”.
Estaba en mi salón de clases, las clases habían terminado. Moisés entró al salón, sentí su mirada, pero rápido salió. Lo oí correr por el pasillo. Me sonrojé solo de imaginarlo, conmigo, en el campamento: Contando chistes, cantando los éxitos del momento, él con voz ronca y yo de manera desentonada.
Después Intentaríamos dormir, pero la dureza del suelo no nos dejaría. Estaríamos un poco ebrios, ante cualquier pretexto o tal vez sin buscarlo, me besaría sin decoro. Posaría mi mano en su pierna. Tal vez, el sería muy atrevido, buscaría mi piel debajo del pantalón. Se sorprendería al quitarme la playera y descubrir que no traía sostén.
Quitaría tu camisa, para beber la mezcla de su sudor y los restos del repelente de mosquitos en sus brazos” Temblaba de excitación solo de pensarlo: la ropa desaparecería, diríamos cosas morbosas. Mi cuerpo bailaría encima del tuyo. Sintiéndome la reina de la noche.
Más tarde, estaba sentada, esperando la venida del autobús escolar. Lo miré sentarse junto a mí. Su actitud se mostraba rara. Nerviosa traté de no prestar atención. Guardó, lo que parecía ser un papel arrugado en su mochila.
Ahí estaba yo, con mi mochila al hombro buscando el lugar perfecto para acampar. Armé mi tienda de campaña, busqué leña, preparé la fogata. Estaba oscureciendo, leí todo lo que pude. Cuando la oscuridad lo impidió, me metí a mi tienda. Fue en ese momento cuando entendí, estaba sola, sin nadie. La melancolía comenzó a apoderarse de mí.
Escuché unas pisadas, nadie acostumbraba a ir, era mi lugar especial. Ese alguien estaba muy cerca.
escuché una voz masculina sumamente conocida, temblé de los nervios. Abrió la casa
—Hola…
Me quede como estatua sin saber que decir. Moisés estaba sonriente, lo noté nervioso mirándome —. Creo que… hago falta, según tus planes
—¿Cómo…? —No podía salir de mi asombro.
—Vi cuando se te cayó un papel al salir del salón —recobró un poco de seguridad—. Aquí estoy, si sales de tu tienda podremos cantar a la luz de la luna.

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